La NASA prescinde de Boeing para la construcción de la nueva segunda etapa del cohete para sus misiones tripuladas a la Luna y se la da a ULA

La NASA prescinde de Boeing para la construcción de la nueva segunda etapa del cohete para sus misiones tripuladas a la Luna y se la da a ULA
La NASA acaba de adjudicar directamente la construcción de tres nuevas segundas etapas (perdón por el trabalenguas) para el cohete SLS del programa Artemisa de misiones tripuladas a la Luna a United Launch Alliance (ULA). Esto deja fuera a Boeing, que era el principal contratista de la segunda etapa conocida como EUS, de Exploration Upper Stage, Etapa superior de exploración, de la que la NASA ha decidido prescindir. La EUS estaba diseñada para permitir el lanzamiento de la cápsula Orión rumbo hacia la Luna junto con otras cargas como podían ser los módulos de la Estación lunar Gateway. La idea era utilizarla a partir de Artemisa IV. Mientras, la NASA está utilizando la Interim Cryogenic Propulsion Stage, o Etapa de propulsión criogénica provisional (ICPS), que es la que voló en Artemisa I y lo hará en Artemisa II y III. Pero siendo Boeing como es la EUS iba pasadísima de plazos y de presupuesto. Tenía que haber volado en 2021 y ya van invertidos más de 3. 500 millones de dólares en su desarrollo. Sin que esté nada claro cuando iba a estar lista. Ni mucho menos si iba a estarlo lista para Artemisa IV. Y eso sin mencionar que además de lo que cueste su desarrollo el coste estimado de la EUS es de 2. 500 millones de dólares por lanzamiento. Así que, como parte de las decisiones que ha tomado Jared Isaacman, el director de la agencia, para acelerar el programa, la EUS va a ser sustituida por otra segunda etapa que pueda estar lista a tiempo y que no suponga seguir palmando dinero con Boeing. Y la etapa elegida es una Centaur V modificada. La decisión viene de que utiliza los mismos motores y propelentes que la ICPS, y la torre de lanzamiento que está usando la NASA para lanzar el SLS en su configuración actual apenas necesitará modificaciones para ser adaptada para utilizarla. Eso permite también dejar de meter –¿tirar?– dinero en la torre de lanzamiento que la agencia estaba construyendo para el SLS con la EUS que ya ha costado casi 3. 000 millones de dólares. Además, la Centaur V ya ha volado en cuatro ocasiones con éxito como etapa superior del Vulcan de ULA, lo que es una garantía frente a la EUS que, recordemos, no se sabía cuando iba a volar. Tampoco es que sea una gran sorpresa, ya que en una infografía compartida por Isaacman al poco de anunciar los cambios en el programa se ve una cápsula Orión viajando hacia la Luna acoplada a algo que se parecía sospechosamente a un Centaur V. He puesto arriba a la derecha la parte en la que salen. La idea es que el Centaur V sea utilizado para lanzar las misiones Artemisa IV y V. Aunque la NASA ha contratado la construcción de una tercera unidad de repuesto por si acaso. Y luego ya se verá; el futuro del SLS propiamente dicho está más que en duda. Aún así, Centaur V o no, dudo mucho que veamos una misión tripulada de la NASA en la superficie de la Luna en 2028 como tiene como objetivo Isaacman. Pero he de reconocer que si bien tenía mis dudas en cuanto a que Isaacman fuera el adecuado para llevar la NASA por toda la política que iba a tener que gestionar en los últimos tiempos me está dejando bastante asombrado con todo lo que ha conseguido mover. Y es que ni hay que olvidar que la EUS y la decisión de seguir invirtiendo en ella cuando estaba claro que había opciones comerciales mejores más que de una necesidad técnica viene de una decisión política para regar millones de dólares en contratos en los estados de algunos poderosos políticos. Por no hablar del poderío lobbyista de Boeing.

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